Narcomenudeo y familia

Contextos adversos de descomposición social en donde el capital cultural preponderante es la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.

Una línea común de degradación que se propaga. Un sistema de creencias quebrado al haber entrado en crisis la escala de valores.

Una exposición jactanciosa y consumada en lo cotidiano. Cuando las normas de urbanidad se disuelven dando lugar a la naturalización de la droga.

Estos son algunos de los conceptos que se desprenden luego de asistir a un allanamiento y/o de recorrer algunos de los puntos neurálgicos apoderados por la narco criminalidad. En donde la observación directa como método cualitativo permite asistir a los manejos y desmanejos que la droga, como enfermedad, enquistada en un proyecto de muerte, maneja los hilos de una casa, de un lugar.

Se trata de un proyecto de muerte que encuentra asidero en un proyecto de poder como es el narcotráfico pero en esta ocasión expresado en su versión micro llamado Narcomenudeo.

El panorama es desolador, en especial, cuando hay niños. El impacto no es la irrupción en la casa para allanar. La irrupción es solo el epílogo de una cotidianeidad de opacidad. El epílogo de una etapa. En estado de alerta permanente. De desasosiego en esos infantes que no pueden explicar, a ciencia cierta, lo que sienten. Porque en la mesa de la merienda se corta cocaína, se arman cigarrillos de marihuana o se despliegan pastillas. También se apoyan las armas.

Y sus camas y/o cunas son un escondite para camuflar la droga, lo mismo que los pañales cuando hay bebés. No hay espacio de privacidad ni de sanidad para que los menores puedan proyectarse en lo lúdico. En todo aquello que les permite activar su imaginación poniendo en funcionamiento su parte creativa.

El hogar es una tergiversación en la construcción delictiva sin límites. El hogar no es hogar sino un punto de venta de droga, una cocina, un lugar de acopio o todo en un uno. Se asiste, en los allanamientos, al brutal deterioro de una infancia en riesgo. Entregada al delito al interior de lo que alguna vez fue la célula de la sociedad: La Familia.

Expectantes. Con sus ojos sin brillo y atentos a los movimientos. En donde un choque de puños entre el niño que mira tras las rejas de una venta y el oficial que custodia sea, tal vez, lo más genuino que haya recibido.

La suciedad es una constante. La falta de aseo en la casa y por supuesto, la falta de aseo personal. Todo es una continua afrenta.

Las miradas y las respuestas. Quitarle los piojos a un niño en el medio de un operativo.

Es que existe una naturalización voraz de la Anomia. Una Anomia externa e interna que cuando se encuentra con un límite se revela. Y eso puede verse, claramente, en las formas de comportarse de los delincuentes en medio de un allanamiento. O bien cuando se hace un recorrido.

La mirada es la primera altanería.

La junta encuentra en el colectivo poder. Se siente dueña del barrio. De hecho, en alguna medida, lo es. Porque fueron los años de desidia y ausencia los que le dieron al narcotráfico las bases para su arraigo.

Ocurre que el Narcomenudeo además de cambiar y alterar los usos y costumbres de la tradición de un barrio, también revela de manera más visible la alteración de la familia que se inicia en un aparato reproductivo de desaciertos en donde la droga como delito se sostiene en la droga como enfermedad.

Socialización

La voracidad de la droga es ilimitada. Genera recursos de daño y evita la generación de esferas positivas para el desarrollo humano. Tanto es así, que los niños emergentes de contextos vulnerados por la droga inician su socialización primaria con el espectro de la muerte. Hay un choque de vida y muerte permanente que lógicamente ellos, no pueden describir y entender pero que, por efecto comparativo, evidencian una distinción.

La socialización primaria es fundamental para el niño porque de ahí se desprenderán los cimientos de lo que será su socialización secundaria en donde la construcción de la subjetividad estará sostenida en los valores inculcados en la educación así como en la interacción con su entorno más mediato.

La droga afecta la socialización con indicadores asentados en el desvalor así como en la organización de una familia alrededor de un negocio. En este caso el Narcomenudeo. Negocio que se contrapone a las necesidades que tienen los niños y que no se puede explicar ni difundir. Entonces, aparece el factor de la distorsión y la mentira.

La relación del niño con otros en la escuela tiene su complemento necesario en el hogar. Un hogar devenido en punto de venta de droga o bien, un punto de venta de droga que simula un hogar no es un espacio de visita para otros niños. De ahí, que el menor, comienza a replegarse en sí mismo y a buscar referentes de sus mismas condiciones sin atender, por lógica limitación, a un proceso de ascenso social.

El barrio y la banda comienzan a ser el referente social bajo la creación de un sentimiento de pertenencia que se construye desde el poder colectivo y desde la temprana edad. La unión de los envueltos por el entorno de la droga que encuentran, en el grupo, un poder que solos, ni siquiera pueden concebir.

La interacción es con la calle a pesar de todo y más allá de todo.

La calle comienza a ser el “hogar”.

Con el Narcomenudeo instalado en el barrio la degradación social es escalonada y las víctimas más evidenciadas son aquellas que no tienen herramientas para salvarse. Son, los menores, rehenes de una estructura marginal sin continentes educativos y emocionales.

Entregados y relegados. Entregados a convivir con la caterva que arrastra todo lo vinculado con la droga. Entregados a ser testigos de las postales más paupérrimas y a la promiscuidad que en muchos casos la sustancia ocasiona.

Relegados por el afuera que no es el barrio. Ese barrio que los acoge en la denigración que sin que ellos quieran, los hizo parte. La relegación de aquellos otros que no pueden ser referentes porque no están dentro del mismo círculo vicioso.

Sin frenos, la socialización primaria, pasa por la violencia. Por una familia desintegrada más allá de su composición que sale del centro de la escena para dejar de ser la célula de la sociedad dando lugar a la tragedia de la moral y los valores.

Socializar con la droga es la premisa que, el Narcomenudeo instalado en el barrio, impone cuando no hay un desarrollo humano integral que ponga límites.

Cuando no hay una fuerza de seguridad que prevenga y actúe. Cuando no hay decisión ni proyecto de vida. Cuando la inseguridad es el negocio.

Variables y dimensiones:

La variables y sus respectivas dimensiones que surgen de la observación directa, sea en allanamientos o en recorridos por zonas críticas, constatan un tejido social desintegrado.

Una emergencia en materia social. Una niñez desprotegida. Y un proceso de contención del Narcomenudeo que necesita, inexorablemente, de una asistencia social rigurosa para que las generaciones nuevas puedan proyectarse y encontrarse más allá de la miseria que las bandas del delito supieron construir e instalar en los barrios.

Complementos y acciones comunes desde las distintas esferas de la vida.

FAMILIA       Tipo

                  Disfuncional

                  Ensamblada

Una familia disfuncional es una familia en la que los conflictos, la mala conducta, y muchas veces el abuso por parte de los miembros individuales se produce continua y regularmente, lo que lleva a otros miembros a acomodarse a tales acciones.

Una familia ensamblada o familia reconstituida es una familia en la cual uno o ambos miembros de la actual pareja tienen uno o varios hijos de uniones anteriores. Dentro de esta categoría entran tanto las segundas parejas de viudos como de divorciados y de madres solteras

VIOLENCIA                       Física

                                   Verbal

                                   Extorsiva

EDUCACIÓN                   Incompleta

                                        Analbatesimo

                                        Terciaria

                                        Completa

La educación es la variable que condicionará al resto de la movlidad de las otras variables por ser, la misma, la capitalización del conocimiento, de las normas de urbanidad, de los usos y costumbres y de la interacción con el resto.

Cuando la educación falla es también porque la instrucción falló al no haber una relación dialéctica entre familia y escuela.

De ahí que las representaciones sociales estén distorsionadas y que el grado de autoridad no esté pensado desde los límites y/o desde la prevención sino desde el “recorte de las libertades”.

Hay un convivencia entre los delincuentes y los trabajadores que han quedado como rehenes de una estructura de poder.

Epílogo

El estado de situación previamente descripto revela un estado de descomposición social en donde no sólo es fundamental la intervención socio comunitaria sino también la lucha contra el Narcomenudeo y la prevención entendida como seguridad.

En los barrios se encuadra de forma visible lo que podemos llamar sociología del crimen a través de las conductas desviadas jactanciosas que reflejan la personalidad del delincuente asentada, entre otras cosas, en el poder que tiene en el territorio micro.

El ciudadano, rehén del Narcomenudeo y sus recursos humanos, etiqueta como tal, al sujeto que se opone a las normas y reglas externas encuadrándose en la Anomia.

Laura Etcharren

Socióloga. Especialista en Narcotráfico